San Francisco es más que una ciudad para Apple, y Steve Jobs es el responsable de ello

San Francisco es más que una ciudad para Apple, y Steve Jobs es el responsable de ello

San Francisco es una ciudad icónica por muchas razones: su bahía, el Golden Gate, su naturaleza e incluso el divertido Cable Car que parece sacado de otra época. Es un lugar con personalidad propia.

Pero Apple dio a San Francisco un significado extra. ¿Sabes cuál es? Siendo el corazón tecnológico de California y gracias al gran ojo de Steve Jobs para los detalles, además de su paso por unas clases muy especiales en la universidad, “San Francisco” acabó adquiriendo un nuevo uso: convertirse en otro referente, en un legado silencioso dentro de la experiencia Apple.

El diseño en el corazón de Apple

En Apple, el diseño siempre ha funcionado como un lenguaje propio: comunica sin explicar, guía sin imponer y crea una sensación de coherencia que se nota aunque no se nombre. Muchas decisiones pasan desapercibidas precisamente porque están bien resueltas.

Steve Jobs defendía que el diseño no era solo cómo se veía un producto, sino cómo se sentía al usarlo. Esta filosofía se refleja en todo: el hardware, las animaciones, la forma de presentar un producto… y también en aspectos tan aparentemente menores como el empaquetado. Los equipos de Cupertino llegaron incluso a tener personas dedicadas exclusivamente a probar la experiencia de abrir una caja, porque cada gesto debía ser coherente con el lenguaje de Apple.

Y si hay un elemento que está en todas partes sin que quizá le prestemos toda nuestra atención, este es la tipografía.

La importancia de la tipografía

La tipografía no es un detalle menor. Desde que Steve Jobs asistió a unas clases de caligrafía en la universidad, que él mismo reconoció como decisivas, Apple siempre ha prestado una atención especial a la tipografía. Cada curva, cada grosor, cada espacio… Entender que la forma de una letra podía transmitir elegancia, claridad o coherencia, sentirse más fría o más cercana, fue un antes y un después

Descubrir el valor de la composición, el peso visual de una letra, la belleza de los espacios en blanco y la diferencia entre una tipografía funcional y otra con carácter llevó a que el primer Macintosh original nos sorprendió con una tipografía que no solo era legible, también era agradable. Dejo de ser un detalle sin importancia a convertirse en parte del producto. Algo muy poco habitual en esa época.

Durante años, Apple fue cambiando de tipografías según evolucionaban sus sistemas y sus pantallas. Desde la mítica Chicago de los primeros Macintosh, cada una reflejaba la tecnología disponible y el carácter de Apple en ese momento:

  • Geneva, muy presente en la identidad clásica de la interfaz.
  • Charcoal, ligada al salto estético de Mac OS 8.
  • Shaston y Espy Sans en entornos más técnicos y portátiles
  • Lucida Grande, durante gran parte de la vida de Mac OS X.
  • Podium Sans, en el entorno del Apple TV.
  • Helvetica Neue, que definió el tono visual de iOS en su etapa más minimalista.

San Francisco como un lenguaje silencioso en Apple

Llegó un punto en que Apple estaba construyendo una familia de dispositivos con tamaños tan radicalmente distintos, desde un Apple Watch hasta la pantalla 5K de un iMac, que, además de transmitir e integrarse plenamente en lo que es la estética Apple, el texto debía poder funcionar igual de bien en todos los tamaños y pantallas. Por eso, el equipo de diseño de Apple se encargó de crear su propia tipografía. ¿Y cómo la llamaron? San Francisco.

Así, desde 2015, San Francisco es la tipografía oficial que vemos en todos los sistemas operativos de la compañía, la letra que acompaña cada interacción con nuestros iPhone, iPad, Apple Watch y Mac. Y sus variantes (SF Pro, SF Compact y SF Mono) nos acompañan en macOS, iOS, iPadOS y watchOS, e incluso en aplicaciones de desarrollo como Terminal o Xcode.

Steve Jobs y la ciencia de los pequeños detalles que marcan la diferencia

Otra importante lección de Steve Jobs (que no dudó ni un segundo en gastar un broma con el primer iPhone): un cambio casi invisible puede marcar una gran diferencia. Igual que un pequeño detalle en la curva de un icono hace que un sistema sea más agradable de usar, una tipografía diseñada para la legibilidad, la cercanía y coherencia eleva toda la experiencia. Podemos no notar conscientemente que estamos leyendo en San Francisco, pero sí percibir la armonía que comunica.

La creación de San Francisco fue la culminación de años de aprendizaje sobre cómo cada letra puede ser parte de la identidad de un dispositivo. Y, hoy, San Francisco es más que una tipografía. Se ha convertido en un estándar que representa la evolución de la compañía.

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