Por qué el año (del calendario) tiene 12 meses

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¿Alguna vez te has preguntado por qué el año está dividido en 12 meses? ¿Por qué no 10, 20 o 100 meses? La respuesta a esta cuestión se remonta a la antigüedad y nos lleva a entender cómo nuestros antepasados encontraron ingeniosas formas de medir y seguir el tiempo. Descubramos el motivo detrás de los 12 meses en nuestro calendario.

Los astros como guía

Antes de que existieran los relojes, calendarios y la tecnología moderna, las civilizaciones antiguas miraban hacia el cielo para marcar el tiempo. La Luna, en particular, capturó su atención debido a sus cambiantes fases que se repetían mes tras mes (aunque en ese momento no le dieran ese nombre).

Las fases de la luna.

Observaron que entre dos fases lunares completas, de una Luna nueva a otra Luna nueva por ejemplo, pasaban alrededor de 29 días y medio. Y fue así, agrupando todos los días de cada ciclo lunar, que nacieron los "meses".

Pero, por supuesto, la vida en la Tierra también está gobernada por el Sol y sus ciclos. Nuestros ancestros notaron que el tiempo entre dos solsticios de invierno o equinoccios de primavera era más o menos constante: una duración promedio de aproximadamente 365.25 días, lo que llamamos el año solar.

La piedra del sol azteca, la cual usaban como calendario.

Ahora bien, si sumamos los días de 12 ciclos lunares (12 meses lunares), obtenemos aproximadamente 354 días, lo cual no coincide con el año solar de 365 días. Aquí es donde entró en juego el asombroso ingenio de nuestros ancestros para sincronizar y armonizar estos dos ciclos celestiales. Combinando lo mejor de ambos, crearon el calendario lunar-solar.

Una aproximación ingeniosa: El calendario lunisolar

El calendario lunisolar efectivamente dividía el año en 12 meses, cada uno con una duración aproximada de 29.5 días. Pero para solucionar el hecho de que así aún faltaban unos 11 días para completar el año solar, simplemente se agregaban días adicionales al final del año. Así los 354 días del año lunar se acercaban al ciclo solar de 365 días y ambas formas de medir el tiempo se tenían en cuenta.

A lo largo de la historia, diversas culturas adoptaron este tipo de calendario. Aunque con pequeñas variaciones en los nombres de los meses, por ejemplo, babilonios, egipcios y muchos otros pueblos se guiaron por el sistema de 12 meses. Curiosamente, el calendario romano originalmente tenía diez meses, comenzando en marzo y terminando en diciembre. Sin embargo, en el año 713 a.C., también agregaron dos meses más a los que llamaron Julio y Agosto, en honor a los emperadores Julio César y Augusto César.

Del calendario lunisolar al calendario Gregoriano

Aunque los calendarios lunisolares eran una gran guía, aún tenían inconvenientes de precisión. Fue así como en 1582, el Papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano que utilizamos hoy en día. Este refinó la precisión mediante la adición de un día bisiesto cada cuatro años, con algunas excepciones para años seculares. Esta adaptación ayudó a que el calendario se ajustara mejor al año solar, mientras aseguraba que las fechas de los eventos astronómicos, como los solsticios y equinoccios, se mantuvieran relativamente constantes a lo largo del tiempo.

Visto lo visto, nuestros años se dividen en 12 meses debido a la observación de los ciclos lunares y a la voluntad de sincronizarlos con el año solar. La combinación de ambos ciclos, con algunos ajustes, nos ha proporcionado un sistema práctico y preciso para medir y seguir el tiempo a lo largo de los siglos. Así que la próxima vez que mires tu calendario, recuerda que su estructura se basa en siglos de una reverente observación de nuestro cielo.

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