Cuando hablamos del iPhone, todos pensamos al instante en Apple y en el icónico smartphone que cambió el mundo en 2007. Apple es iPhone y iPhone es Apple, ¿verdad? Pues resulta que existe un iPhone que no es de Apple. Esta es la historia.
Un iPhone antes del iPhone de Apple
Esta historia se remonta al año 2000. En ese momento, la empresa brasileña Gradiente registró el nombre “iPhone” en su país. Seis años antes de que Apple presentara su primer iPhone (cuya primera llamada fue de Steve Jobs gastando una broma).
Cuando Apple inició su propio registro en 2006, dentro de uno de sus proyectos más secretos, ya era tarde en Brasil. En 2008, el Instituto Nacional de Propiedad Industrial de Brasil rechazó concederle la exclusividad del nombre. Por lo que, durante años, el término “iPhone” convivió legal y conflictivamente en ese territorio con dos realidades distintas.
El iPhone de Gradiente: mismo nombre, otra historia
Lo que activó definitivamente la disputa con Apple fue que en 2012 Gradiente lanzó su propio smartphone bajo el nombre “iPhone”. Aunque con alguna que otra diferencia. El dispositivo funcionaba con Android 2.3 Gingerbread, tenía un procesador de un solo núcleo a 700 MHz, 384 MB de RAM, 2 GB de almacenamiento y una batería de 1350 mAh. En resumen, venía con unas especificaciones bastante básicas y se vendía a unos 127 euros.

Tras un año de batalla legal entre la empresa brasileña y Apple por el uso de la marca iPhone, en 2013 las autoridades brasileñas volvieron a negar a Apple el uso exclusivo de la marca.
Y un año más tarde, Gradiente anunció su nuevo modelo iPhone C600, que tenía un diseño completamente nuevo y era algo más avanzado. Venía con un procesador Snapdragon S4 de dos núcleos a 1,4 GHz, 1 GB de RAM, 8 GB de almacenamiento, conectividad 3G+, una batería extraíble de 1.900 mAh y tenía un precio de unos 217 euros. Aún muy lejos de lo que Apple ya nos ofrecía en ese momento.

La situación continuó escalando, e incluso se permitió que Gradiente siguiera usando el nombre, aunque con una condición: debía llamarlo “Gradiente iPhone”. Durante este tiempo, ambas compañías defendían su posición. Gradiente apelaba a su registro original, mientras Apple argumentaba que el nombre ya estaba completamente asociado a su producto a nivel global.
Finalmente, la situación se resolvió en los tribunales superiores de Brasil. El registro original de Gradiente fue cancelado y se exigió un nuevo proceso. Poco después, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia falló a favor de Apple. El argumento fue claro: el nombre “iPhone” ya cumplía plenamente las funciones de una marca vinculada a Apple. Identificaba el producto, su origen, su calidad y su valor publicitario.
Un iPhone es más que un nombre, es un símbolo
Así que sí, durante unos años existió otro iPhone. Pero en la práctica solo hay un dispositivo al que podemos llamar iPhone. Y ese es el de Apple.
Este curioso caso de Gradiente demuestra que una marca va mucho más allá de un registro o de un papel. iPhone no es solo una palabra. Es identidad, calidad y reconocimiento global. El significado de una marca lo define el uso, el tiempo y cómo la reconocemos todos.
En Hanaringo | Siri podría cambiar para siempre en iOS 27

