El iPhone, el iPad, el Mac… sí, pero el cofundador de Apple Steve Jobs también dejó su huella en el mundo náutico con una preciosa obra de diseño minimalista tan misteriosa como fascinante: el yate Venus. Un proyecto personal que empezó como una idea caprichosa y terminó convertido en uno de los barcos más icónicos del mundo.
Venus: un superyate con alma de producto Apple
Todo comenzó alrededor de 2007. Jobs, inspirado por sus vacaciones en el yate de Larry Ellison, fundador de Oracle, decidió que quería el suyo propio. Y como cabía esperar, no iba a ser un barco cualquiera.
Para dar forma a esta idea recurrió a Philippe Starck, uno de los diseñadores más reconocidos del mundo. Aunque no le fue del todo fácil.
Resulta que Jobs llamó al estudio de Starck en París, pero la llamada no llegó a su destino. La secretaria tomó nota del mensaje sin darle importancia. Un tal Jobs había llamado. Nada más. No insistió, no preguntó, no interrumpió a su jefe. Y Jobs, por su parte, colgó sin dejar número.

Visto con perspectiva, el propio Starck lo resumía con cierta incredulidad: “¿Puedes imaginarte el aura de Steve Jobs en 2007? Era prácticamente Dios. Y ella no me pasó la llamada porque no sabía quién era él. Empezábamos bien”.
Aquello podría haber terminado ahí. De hecho, conociendo el carácter de Jobs (que en 1998 salvó la Navidad de una familia y que conducía un Mercedes), habría sido lo esperable. Pero semanas después, el teléfono volvió a sonar.
Esta vez, la escena fue distinta. Starck estaba a punto de salir hacia Milán, prácticamente subiendo ya al coche que le llevaba al aeropuerto, cuando alguien irrumpió con prisa: “¡Monsieur Starck! ¿Conoce a alguien llamado Mr. Jobs? Quiere hablar con usted”. Esta vez sí consiguió atender la llamada, aunque por los pelos.

Jobs fue directo al grano: “¿Quieres hacerme un barco?”. Starck, sorprendido, respondió con un simple “Bueno… sí”. Apenas hubo tiempo para más. Jobs añadió una última pregunta: “¿Sabrás cómo hacerlo?”. La respuesta de Starck fue inesperada y divertida: “Por supuesto. Tengo los dedos palmeados y escamas en mi espalda. Soy anfibio”.
El siguiente encuentro ya fue más calmado. Starck apareció con una enorme maleta llena de diseños, bocetos y propuestas. Tras enseñárselos, se hizo el silencio. Jobs observaba. Y entonces dijo algo poco habitual en él: “Es más de lo que nunca hubiera imaginado”. Starck lo recuerda como un momento clave, casi irrepetible. El hombre conocido por su exigencia extrema estaba reconociendo que aquello superaba sus expectativas.

A partir de ahí, el proyecto tomó forma hasta convertirse en lo que acabaría siendo el Venus. Un superyate de casi 80 metros de eslora definido por una estética muy clara: aluminio y cristal, líneas limpias, sensación de ligereza y una elegancia minimalista que recuerda claramente a los productos de Apple. De hecho, su cubierta principal evoca directamente el diseño de algunas Apple Store, como la de Chicago, donde el cristal y la estructura parecen fundirse en una sola pieza. Realmente, Venus es lo más cercano a un “Apple flotante” que hemos visto.
El superyate de Steve Jobs: un proyecto lleno de detalles y misterio
A lo largo de los años se han ido conociendo pequeños detalles sobre el barco, pero su interior sigue siendo prácticamente un misterio y no hay fotos oficiales.
El Venus tiene capacidad para 12 pasajeros y cuenta con una tripulación de unas 10 personas. Y aunque lo hemos visto en diferentes puertos —especialmente en el Mediterráneo— sigue siendo un objeto de curiosidad constante. Cada aparición genera titulares, como cuando protagonizó un pequeño incidente con otro yate.
Hoy el barco pertenece a Laurene Powell Jobs, quien lo utiliza con cierta frecuencia. Y es precisamente ese uso discreto lo que mantiene viva su aura de misterio.
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